Diario El Día Domingo 11 de Mayo de 2008
El milenario arte de entenderlo
Un antiguo y exótico juego chino suma cada día más fanáticos Por FACUNDO BAÑEZ
La leyenda es antiquísima. Cuentan
que hace unos 5 mil años atrás el emperador chino Yao andaba
desesperado por la idiotez suprema de su hijo Dan-Zhu, considerado por
todos un obtuso hecho y derecho. Para avivar esa inteligencia que el
emperador creía dormida, tuvo que recurrir a sus derechos de magnánimo
y mandar a crear un juego capaz no sólo de despertarle el intelecto a
su limitado hijo, sino también de dotarlo de sutileza, elegancia,
paciencia y de una sabia e infinita mirada del cosmos. Ese juego se
llamó Go. Y hoy, varias épocas después, se lo juega con pasión
reflexiva en varios lugares que poco y nada tienen que ver con los
enigmáticos salones de la antigua China. En 17 y 71, pleno corazón del
barrio Meridiano V, una de las viejas dependencias de la Estación
Provincial cobija todos los sábados a una decena de personas que se
juntan para disfrutar de lo que ellos mismos definen como un arte
superior, milenario y silencioso: el arte de jugar al Go.
"Es
mucho más que un juego -dice Bruno Giletta-. Es una herramienta de
diálogo con uno mismo". Bruno tiene 31 años y habla como juega:
pausado. Hace ocho años descubrió la belleza y los misterios del Go a
través de una novela llamada Shibumi escrita por un autor oculto tras
el seudónimo de Trevanian. "Cada capítulo del libro es un momento del
juego -cuenta Bruno-. Cuando terminé de leerlo, lo único que quería era
aprender a jugar".
Ahora, algunos años después de aquella
lectura, Bruno estudia Plástica en la facultad de Bellas Artes y es uno
de los tantos fanáticos que todos los sábados se juntan en el centro
cultural El Faldón -con sede en la ex estación de la calle 71- para
despuntar el vicio del Go. Allí se pasan horas enteras frente a un
tablero que, a diferencia del ajedrez, ofrece en cada uno de sus
casilleros infinitas e incalculables posibilidades de jugadas.
"No
sólo son millones las posibilidades que uno tiene -cuenta Aldo
Mitidieri, 44 años y casi 30 jugando al Go-, sino que a través de cada
jugada uno va descubriendo su verdadera personalidad. El jugador se
manifiesta tal como es: valiente, cobarde, cauteloso, disperso. Tal vez
esa sea una de las cuestiones más fascinantes del juego".
El Go
es un juego de estrategia. Y en ella, lo que se plantea sobre el
tablero no es más que una lucha por el espacio, por conquistar el
territorio. Ese tablero tiene 19 líneas verticales por 19 horizontales,
lo que hace un total de 361 casilleros. El juego comienza sin piezas, y
la idea es que los dos contrincantes coloquen sus fichas (en rigor
piedras), blancas o negras, de a una, y uno por vez.
"Durante la
partida hay una comunicación silenciosa y permanente entre los
contrincantes -advierte Aldo-. Cada jugada es un mensaje que uno le
envía a su adversario". Las reglas son simples: cada piedra colocada en
el tablero tiene sólo cuatro lugares hacia donde moverse. El propósito
del juego es ocupar los espacios con piezas propias y expandir los
dominios "inmovilizando" al contrario; es decir, tapándole esos
casilleros a donde sus piedras podrían moverse o "respirar". La gran
estrategia, dicen los campeones, es saber ceder. Como en la vida,
cuando se gana muchas veces hay que saber resignar algo. Pero al
contrario de la impronta del ajedrez, aquí no "se mata" al adversario
sino que sólo se lo "captura" y se le devuelve su derrotada piedra.
"Los
que empiezan a jugarlo se enamoran del Go -confiesa Bruno-. No es
difícil aprenderlo, pero tal vez al principio cuesta interpretar su
sentido. Después se clarifica, y a medida que se van sumando partidas
uno se da cuenta de las infinitas estrategias y posibilidades que te
brinda el juego".
Nacido al sur de la China, su nombre original
fue we-chi, que significa "piedra rodeada". En Corea tomó el nombre de
Badok, y muchos siglos más tarde apareció en Japón con el nombre de
I-Go, o simplemente Go. Si bien la leyenda más conocida es la del
emperador Yao y su impredecible hijo Dan-Zhu, todavía existen varias
miradas y versiones que explican y profundizan sobre los orígenes del
juego.
Una de esas miradas es la del historiador chino Ban Gu
(32-92 a.C.), quien en su libro La esencia del Go describe que "el
tablero rectangular representa las leyes de la tierra. Las líneas
rectas son las virtudes divinas. Las piedras blancas y negras son como
el Ying y el Yang. Y su disposición en el tablero es como un modelo de
los cielos".
Un partido entre novatos puede durar apenas 20
minutos; pero si los goístas son diestros, la partida puede extenderse
hasta 15 o 20 horas, y desarrollar entre 250 y 300 jugadas. Resulta
interesante que en los primeros tres movimientos, según se especula,
los jugadores disponen de más de 46 millones de opciones.
"Son
tantas las posibilidades que el Go sigue siendo imposible para las
computadoras", asegura Aldo con orgullo. Y tiene razón: pese a los
siglos de los siglos, aún no existe un émulo de la famosa Deep Blue que
alguna vez venciera al ajedrecista ruso Garry Kasparov. Es que el
ajedrez se puede jugar ante una computadora. El Go, por su abstracción
y misterio, todavía no.
Complejo, instintivo y sutil
Un
viejo proverbio dice que nunca se ha jugado dos veces una misma partida
de Go. Y es probable: sobre un tablero de 19 intersecciones por 19, hay
alrededor de 4,63 P 10.170 posiciones posibles.
El Go es el
juego de estrategia más antiguo del mundo. Se inventó antes que la
escritura -hace unos 4000 años- en China. Es jugado por muchos millones
de personas en Oriente, y su difusión en estas tierras es mucho más
popular de lo que lo es el ajedrez en Occidente. En Japón, China, Corea
y Taiwan hay jugadores profesionales, algunos de los cuales gozan de
gran prestigio nacional y ganan importantes sumas de dinero.
Mucho
se ha escrito sobre la historia del Go y sus relaciones con la ciencia
y el arte. El Go, se explica, resulta en realidad tan complejo y sutil
como uno se lo proponga. Los elementos del que dispone son simples: un
tablero con líneas de grilla y piedras blancas y negras. Pero no sólo
los elementos son simples y primitivos, sino que el objetivo del juego,
controlar territorio y rodear al enemigo, es también algo primario,
casi instintivo.
Otro atractivo de su práctica, dicen quienes lo
juegan, es el hecho de que constituye en cierta medida un lenguaje, un
instrumento de comunicación. Uno de los nombres del Go es "shudan", que
significa "lengua de manos".
Además de ser un desafío
intelectual, se explica, la práctica del Go estimula el desarrollo de
la percepción de las formas. Hay belleza, elegancia y hasta
majestuosidad en algunas posiciones y secuencias de jugadas. A medida
que las piedras se van colocando en el tablero (el partido empieza con
el tablero vacío y las piedras no se mueven, a veces desaparecen), se
producen formas cambiantes que dan una sensación de movimiento, y a
menudo lo rodeado se hace rodeador o una batalla "ganada" se pierde
para ganar una más grande.
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